PRIMEROS PASOS DE ADOLF HITLER

Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau del Inn, pueblo fronterizo de la Alta Austria, y que fue el tercer hijo de un matrimonio formado por el inspector de aduanas Alois Hitler y su tercera esposa, KlaraPólzl.

Adolf Hitler tenía seis años cuando su padre se jubiló. Compraron una casa en Leonding, aldea en las afueras de Linz. Su padre murió y dos años después su madre vendió la casa por diez mil coronas y se establecieron en Linz.

En el verano de 1905, Adolf concluyó sus estudios, pues su mediocre rendimiento en la Realschule le había valido la expulsión sin conseguir título alguno. Cuando su madre murió, en 1907, se trasladó a Viena con el dinero de la herencia.

Adolf Hitler en su juventud

Adolf Hitler en su juventud

Dibujaba por afición y esperaba convertirse en un pintor académico. Se inscribió para las pruebas de acceso en la Academia de Artes Plásticas, pero fracasó en el examen de ingreso. Al año siguiente reunió la mayor cantidad de sus dibujos y volvió a la academia, pero la institución, tras observarlos, esta vez ni siquiera lo admitió a examen.

Fue entonces, a finales del año 1908, cuando entró en contacto con el antisemitismo mediante las teorías de Liebenfels. En ellas se vislumbra ya el germen de su ideología a la raza rubia de los señores y los enfrentaba a los seres inferiores, para concluir que la necesidad de diezmar a estos últimos era biológicamente justificada.

Durante todo el año siguiente Hitler consumió cantidades de esos panfletos racistas. Ya entonces vivía miserablemente, había agotado su herencia y no trabajaba; se alojaba en una residencia para hombres indigentes y pasaba hambre en sus vagabundeos por Viena. Además, no se presentó a los reiterados llamamientos para cumplir el servicio militar y, a los veinticuatro años, cruzó la frontera alemana, instalándose en Múnich.

Adolf Hitler en sus inicios en el partido

Adolf Hitler en sus inicios en el partido

Las autoridades austríacas averiguaron su paradero y le obligaron a comparecer en su consulado en Múnich y luego ante la comisión de reclutamiento de Salzburgo. Allí, dado su débil estado físico, fue declarado no apto e inútil para la milicia.

El 16 de agosto de 1914 se presentó como voluntario al ejército alemán: la Primera Guerra Mundial había comenzado. Herido y gaseado en el frente, fue condecorado con sendas cruces de hierro al mérito militar de segunda y de primera clase, honor este último muy raro para un sargento, como él era.

Según testimonios, fue un soldado valiente y se ganó pronto la simpatía de sus superiores gracias a su marcado antisemitismo. Fue nombrado oficial de propaganda del Reichswehr, el ejército regular, y se dedicó a predicar el ideal nacionalista y la lucha contra los bolcheviques entre sus camaradas, dando numerosas conferencias.

El 12 de septiembre de 1919 fue comisionado a asistir a una asamblea del incipiente Partido Obrero Alemán con el objeto de recabar información sobre dicha asociación. Hitler intercambió impresiones con el presidente del DAP, AntonDrexler, y todo habría terminado allí, quizá, si no hubiese recibido poco después una tarjeta postal en que la dirección del partido  le comunicaba su ingreso en el mismo.

 

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